Cita semanal:

Cita semanal: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir" -Jorge Manrique- en Coplas a la muerte de su padre

jueves, 19 de mayo de 2016

El abuelo, el nieto y el burro

No sé si sabéis esa historia que dice...


Un abuelo y su nieto salieron de viaje con un burro. El nieto había pasado las vacaciones con su abuelo y ahora volvía a casa de sus padres para empezar nuevamente el colegio. A ratos, el abuelo o el nieto se subían al burro y así iban haciendo el viaje más cómodo.

El primer día de viaje llegaron a un pueblo. En ese momento el abuelo iba sentado sobre el burro y el nieto iba caminando al lado.
Al pasar por la calle principal del pueblo algunas personas se enfadaron cuando vieron al viejo sobre el burro y al niño caminando. Decían:
- ¡Parece mentira! ¡Qué viejo tan egoísta! Va montado en el burro y el pobre niño a pie.
Al salir del pueblo, el abuelo se bajó del burro. Llegaron a otro pueblo. Como iban caminando los dos junto al burro, un grupo de muchachos se rió de ellos, diciendo:
- ¡Qué par de tontos! Tienen un burro y, en lugar de montarse, van los dos andando.
Salieron del pueblo, el abuelo subió al niño al burro y continuaron el viaje.

Al llegar a otra aldea, la gente exclamó escandalizada:
- ¡Qué niño más maleducado! ¡Qué poco respeto! Va montado en el burro y el pobre viejo caminando a su lado.

En las afueras de la aldea, el abuelo y el nieto se subieron los dos al burro. Pasaron junto a un grupo de campesinos y éstos les gritaron:
- ¡Sinvergüenzas! ¿Es que no tenéis corazón? ¡Vais a reventar al pobre animal!

El anciano y el niño se cargaron al burro sobre sus hombros. De este modo llegaron al siguiente pueblo. La gente acudió de todas partes. Con grandes risotadas los pueblerinos se burlaban diciendo:
- ¡Qué par de tontos! Nunca hemos visto gente tan tonta. Tienen un burro y, en lugar de montarse, lo llevan a cuestas.

Al salir del pueblo, el abuelo después de pensar un buen rato le dijo a su nieto: 
-Ya ves que hay que tener opinión propia y no hacer mucho caso de lo que diga la gente.




Con pequeñas variaciones, pero esta es la historia. A lo largo de mi vida, igual que los protagonistas de este cuentecillo, me he sentido juzgado muchas veces, y la mayoría a la ligera. Después hay gente que te conoce más y se disculpa (o no), y hay gente que simplemente se va y no vuelves a saber de ellos. El caso es que al final uno tiene que tomar la determinación de decir basta, y dejar que la gente piense lo que quiera. Pero no creáis que esto es fácil, suele ser mi última opción, porque me gusta escuchar a la gente y comprobar qué hay de verdad y qué de mentira en esos juicios, de lo contrario sería un necio, pero últimamente lo estoy aplicando mucho y estoy contando esta historia a la gente que me rodea. Solo espero que algún día dejemos de ponernos velos absurdos unos a otros y comencemos a conocernos de verdad, a interesarnos por lo que somos y no por lo que de manera puntual parecemos.

miércoles, 20 de abril de 2016

Los miedos, la equivocación y la vergüenza

No sé cuándo ni cómo el miedo extremo a la equivocación pasó a formar parte de la personalidad de los españoles, el creernos más catetos o inferiores con respecto a gente de otros países europeos o norteamericanos. Los "giris" nos hacen gracia cuando los escuchamos hablar, sin embargo por muy mal que pronuncien, no verás en ellos un ápice de vergüenza. Se están comunicando, los estás entendiendo y, probablemente, acabes diciéndoles donde está "Casa Paco" o la catedral correspondiente. Esa risa que nos producen forma parte de nuestros estigmas y dice más de nosotros que de ellos. En realidad esto es solo un ejemplo de los muchos que puedo poner, ¿cuántas veces hemos dejado esa pregunta por formular a ese profesor que nos infunde respeto? ¿cuántas veces hemos dicho "vale, eso mismo" cuando en realidad no era eso lo que queríamos? ¿Por qué? ¿hacia dónde nos lleva eso? ¿qué es lo que pasa realmente si nos equivocamos?


Personalmente pienso que equivocarse nos lleva mucho más lejos que al mantenernos callados, que decir lo que pensamos, aunque sea erróneo o fruto de un malentendido, hace que nuestra opinión sea realmente valiosa puesto que hace ver qué es lo que queremos, o lo que pensamos, o lo que sentimos, o lo contrario de cualquiera de estas tres cosas. También creo que la juventud es el momento perfecto de equivocarse y por tanto de perder el miedo o la vergüenza día a día. Sin embargo, también creo que la juventud es una fase mental, además de física, y que aunque la física es irremediablemente pasajera, la mental es cosa nuestra que no se vaya. Es de mentes jóvenes equivocarse, no dejando que nuestros miedos y prejuicios nos vayan encerrando y acabemos encasillados en tal o cual opinión sobre todos los temas para los que nuestro cerebro nos ha construido casillas, sino más bien abriéndose tratando de comprender la diversidad, y confrontando constantemente nuestros pensamientos con otras realidades, con otras personas, con otras oportunidades. Esto no significa que tengamos que dejar de pensar en nuestras decisiones, sino todo lo contrario, equivocarse y cambiar nuestra postura si lo vemos necesario, es un ejercicio mucho más duro que dejar que las circunstancias nos vayan compartimentando la mente sin más. Por eso creo que es necesario cambiar nuestra actitud ante la equivocación, no debe darnos vergüenza siempre que hagamos las cosas lo mejor que sepamos, si alguien nos juzga y nos cataloga allá él/ella. Yo he sido siempre alguien con mucho miedo a equivocarse, y muchas veces me he arrepentido de cosas que no he hecho o dicho, un segundo después de que esa oportunidad me pasara por delante, pero no quiero seguir haciéndolo ahora y cada día desde hace un tiempo a esta parte estoy luchando contra eso para que no me frene, y como en todo cada día tiene sus minivictorias y sus miniderrotas, pero soy consciente de que forma parte del proceso.


Los miedos se superan, no se proyectan en los demás. De las equivocaciones siempre se aprende. La vergüenza debe ser transformada en el respeto a algo o alguien, pero nunca en un freno.


Pd: Os cambio la frase semanal, sé que esta semana han sido meses, pero apenas he tenido tiempo para dedicarle a este blog. La nueva es uno de los versos magistrales de Jorge Manrique: Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir.

martes, 26 de enero de 2016

I'm alive!!

Suena el despertador y me animo a levantarme diciéndome que hoy no me puedo fallar. El mundo, mi mundo me espera. El desayuno y la breve recogida de mi cuarto me dan el sosiego que necesito para no parar ni un segundo más. Me siento o me levanto y me voy, depende del día, pero todo es un continuo reposo nervioso. Soy un culo inquieto converso. Leo, mucho, sobre muchas cosas, las religiones y sus debates me tienen ahora ocupadísimo por las mañanas. Si es uno de esos días centrales de la semana en los que tengo clase, como a la velocidad de la luz y me voy a la universidad. El metro está una vez más concurrido, otra tarde más. Bajo, ando, llego y saludo a todos, me siento en mi sitio, ese que el respeto o la costumbre mantienen como parte de un ceremonial, de mi rutina. Tras esto vuelo, la beso, me despido, corro, llego a mi rincón en esta hermosa ciudad, cerca de todo y de nada. Me siento y leo, escucho música, veo algún vídeo o me pongo con algún artículo para la revista que he fundado junto a otras dos personas importantes. Termino a las tantas y en la cama, miro al techo y a veces me siento bien, otras acelerado y otras tan cansado que ni siento. En las transiciones de mis días pienso que este carro está desbocado y que no sé por dónde va a salir todos y cada uno de los proyectos que tengo en mente, pero me he vuelto algo estoico y estoy empezando a aceptar que no todo está en mi mano y que lo que tenga que venir vendrá, entonces... descubro que me siento vivo, ¿VIVO? ¡Vivo! Vivo. Vida como esa calle que tanto nos gusta del Barrio Santa cruz, como los desayunos, los artículos, las revistas, las lecturas, las compañías, las carreras y las cervezas rebajadas con zumo de limón. Es así, ¡I'm alive!



jueves, 3 de diciembre de 2015

Some questions

¿En qué extraño mundo vivimos? ¿Qué vida es esta? ¿Qué verdad estamos buscando? ¿Qué sentido tienen los consejos que reducen la felicidad a consejos? ¿ Por qué a veces se parecen tanto los conceptos totalmente opuestos? ¿Es esta libertad una forma de esclavitud? ¿Cómo podemos terminar con la ignorancia de los eruditos en algo y en nada? ¿Qué sabio lo es sin reconocer todo lo que ignora? ¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Por qué nos leemos? ¿Debemos reinterpretarnos? ¿Debemos reconducirnos? Sólo podemos hacer caricaturas de la vida. No podemos responder a todas las preguntas que se nos ocurren y por eso jode que intenten hacerte creer que sí es así. Pensar en comprendernos y comprender la realidad ajena es lo más noble que podemos hacer. Sólo eso.